Al tratar de formarse un juicio objetivo sobre el Pit Bull Terrier nos topamos con distintos factores, el primero de ellos es la poca uniformidad entre los ejemplares, lo cual hace que veamos a algunos muy diferentes de otros; el segundo es que, independiente de la nobleza o no de una raza, el Pit Bull Terrier ha sido víctima de la moda, por lo tanto, ha tendido a caer muy seguido en muy malas manos; otro factor es su historia, la cual le desfavorece; pero, cuidado, su historial de violencia siempre fue hacia otros perros, no hacia humanos. Ese punto es importante, y es que para que se pudieran manipular, aun encolerizados, los Pit Bull Terrier no debían morder a los presentes ni a quienes los manipulaban, y los ejemplares que lo hacían, muchas veces eran sacrificados.
La efectividad del Pit Bull Terrier en las arenas no se debe sólo a sus grandes capacidades atléticas y poderosa mordida, es producto de ciertas características mentales como, por ejemplo, un gran valor, una gran tolerancia al estrés y al dolor, y además, la pérdida (en algunos ejemplares) de ciertas conductas sociales naturales de los cánidos , como el dejar en paz al perro que ya se ha sometido y los rituales previos al ataque.
Es cierto que los rasgos que se no se utilizan en mucho tiempo se van perdiendo, y así ha sucedido con muchas familias de pits, que hace largo tiempo están alejadas de las peleas. En estos casos podremos suponer que el factor genético pesa poco, pues las riñas de perros han dejado de ser algo masivo hace muchos años, pero lamentablemente no podemos decir lo mismo de muchos perros que siguen siendo utilizados para combate, y mantienen a ciertos grupos con las indeseables características de sus antepasados. Basándose así en el factor genético, podríamos dividirlos en dos grupos completamente diferentes.
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